A mis nietos y nietas


Si a vuestro paso habéis dejado caer alguna
espina, regresad, arrancadla y en su lugar sembrad
una rosa.

Vuestra abuela que os quiere tanto...


viernes, 5 de enero de 2018

Noche de Reyes


                 BALCONES DE MI CASA EN ELPUEBLO


Queridos nietos y nieta: Sin entrar en el tema de la verdad o mentira de los Reyes Magos, voy a contaros cómo era este día en el pueblo en general y en mi casa en particular.
Para los niños la noche de los Reyes Magos era un delirio de cábalas. Mi padre nos hacía escribirle cartas con la expresión de nuestros deseos. A modo de anécdota citaré el año que mi carta empezaba así: “Queridos Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Balta saresteaño”. No sé por qué mis hermanos no han olvidado el pequeño incidente ortográfico y lo cuentan y se ríen con bastante frecuencia cuando nos reunimos. Debió ser que mi padre, muy estricto con la ortografía, me hiciera repetir la carta o tal vez la ponderara como algo divertido.
Y llegaba la noche de Reyes. Mi padre era el mayor detonante de nuestros sueños, y creo que él los vivía con idéntica ilusión. Nos acostábamos temprano, previa ceremonia de colocar nuestros respectivos zapatos, bien limpios, en el dormitorio de nuestros padres, en el gran balcón cubierto, -el cierre, le llamábamos- por orden de edades. Realmente todo un espectáculo.
Comunicado con su dormitorio, estaba el nuestro, el de los siete, una gran habitación de tres  balcones a la calle, y era tal la fantasía con la que se esperaba la llegada de los Reyes que recuerdo cómo en alguna ocasión creí escuchar su mágica y sigilosa llegada y  sentir el beso que depositaban en mis mejillas.
Dormíamos poco todos los niños aquella noche porque de madrugada se producía la eclosión del gran momento: entrar y ver qué nos habían dejado. Era mi padre el que anunciaba el feliz acontecimiento: ¡Podéis entrar! ¡Ya han pasado! ¡Y cuántas cosas han dejado!
Corríamos descalzos y nos apresurábamos sobre nuestros zapatos. ¡Qué espectáculo! Cada cosa en su sitio y todo muy bien colocados y con tanto cariño que aquellas cuatro sencillas cosas, ante nuestra vista, eran auténticos regalos de Reyes.  ¡Qué alegría aquellas muñecas de cartón piedra! ¡Y aquellas cajas de lápices de colores! ¡Y los caballitos igualmente de cartón! Y los caramelos y alguna que otra chuchería. Mis padres, desde la cama, y con grandes exclamaciones de sorpresa, iban detenidamente examinando y elogiando los regalos. Y acabábamos todos en su cama felices como ningún otro día del año.
Luego en la calle, era la hora de exhibir nuestros regalos. Recuerdo cómo los niños más pobres portaban unas cestitas primorosas con algunos mantecados y perrunas. Yo los miraba con algo de pena pero creo que aquel día todos estábamos felices; ¡era un día  tan especial!
Siempre recordaré, y es mi sencillo homenaje, a Juana, cocinera de casa, con su gran moño enroscado como un frondoso nido, ojos grises y profundos, manos deformadas por la dureza de una vida de trabajos que nos contaba historias fantásticas y nos hacía soñar con un mundo de encantamientos.
Allí, al calor de la cocina, mientras preparaba guisotes o hacía pestiños y roscos de vino, en los inviernos, o en la puerta de casa entre aromas  de jazmines y damas de noche, en los  veranos, con insistencia, mis hermanos y yo repetíamos: Juana, un cuento. ¡Una historia! De risa, de magia... No, mejor de miedo. ¡Mejor, de los Reyes Magos!”
“Los Reyes Magos -nos decía, y se le iluminaban aquellos ojos pardos de mirada decrépita y profunda- llevan camellos, pajes, luces de colores, música, campanillas y, a su paso, perfuman el aire de exóticos olores traídos del lejano Oriente, y reparten regalos a las niñas y niños buenos, y dejan carbón a los malos. Carbón que huele a gasolina y azufre... Pero, ¡eso sí!: los niños deben estar dormidos.
Hoy, después de muchos años, sigo creyendo en los Reyes Magos que traen regalos a los niños buenos  como nos contaba la buena de Juana 
 Cuando en la infancia alguien siembra en nosotros un bonito sueño, no sólo echa raíces de un día, sino que, en constante crecida, se transformará en gigantesco árbol, cuyas ramas buscarán siempre la luz blanca del cielo.
Reyes Magos, sueño de todos los niños, de todos los tiempos.  Reyes Magos: Melchor, Gaspar, Baltasar... y nosotros.

Y la vida se normalizaba y todo volvía a ser idéntico en los rigores de un invierno que tenía su máximo exponente en aquel mes de enero que recuerdo con calles escarchadas, ropa tendida a la intemperie que amanecía helada, al igual que los pequeños charcos que pudiera haber por las calles

domingo, 24 de diciembre de 2017

Navidad 2017 Cuento para mi nietos

 Como sois mayorcitos ya entenderéis este cuento, que es muy real en estos días y en todo el año.

Aconteció en estos días que se promulgó una ley de extranjería por la que los sin papeles tendrían un plazo entre siete y treinta días para retornar voluntariamente a su país de origen. 
Un matrimonio de extranjeros, José y María, que estaba en avanzado estado de gestación, llegados en patera, buscaban trabajo en España. Busco trabajo para poder vivir. Mi mujer espera un hijo y no tenemos casa ni lugar donde dormir – repetían de puerta en puerta-.
  Idos a vuestra tierra, Aquí no hay lugar para extranjeros que solo venís a quitar  el poco trabajo que tenemos a los ciudadanos de este país. No, no tenemos nada. Volved a vuestra tierra. Así, de un lado para otro les llegó la noche. José, preocupado por el estado de María, se lamentaba: hace frío y no sé a dónde nos vamos a refugiar. Nuestro hijo está a punto de nacer y no  podemos pagar ni un rincón. No te preocupes, José, algo encontraremos para descansar. Sigamos un poco más contestaba paciente María.
Así caminaban sin rumbo en la noche. Encontraron, al fin, refugio en una chabola abandonada a las afueras de una gran ciudad. Sucedió que el segundo día de pernotar en aquel lugar una grúa municipal los desahució, dejándolos a la intemperie una noche muy fría de un veinticuatro de diciembre del año dos mil diecisiete.  
Abrazados, y sin saber  dónde refugiarse, retomaron el camino. De pronto, José, exclamó: ¡mira, mira María; allí se ve un puentecito! Sí, vamos; no me encuentro muy bien. Creo que nuestro hijo  va a nacer.
 Y José, llegados allí,  busco y  extendió pasto, lo cubrió con su vieja chaqueta y el niño nació.  María, lo recubrió con su propia ropa y lo recostó en el cálido montón de pacto, junto al fuego preparado por José. 
Aquella madrugada, trabajadores de una fábrica cercana, al cambiar de turno, los encontraron y compadecidos le ofrecieron lo poco que llevaban. Toma, mujer, mi chaquetón y abrígate tú también; estás tiritando –dijo uno-. Poca cosa es pero algo debéis comer. No tengo nada más. Y les dio su bocadillo. Pues, yo, no tengo nada –dijo otro-,  pero mañana llamo a los asuntos sociales y que vengan a ayudaros.
 José y María les dieron las gracias y les dieron a besar al Niño que sonreía. De pronto. un grupo de chavales que salían de una discoteca se detuvieron al verlos y cantaron y bailaron para acompañarlos.

¡Ande, ande, ande
este chiquitín
que no tiene cuna
y ha nacido aquí!
No llores, mi niño
Vamos a cantar,
Vamos a bailar
que hoy es noche buena
y mañana Navidad.
 : Al día siguiente, se personaron en el lugar  tres mujeres provistas de todo lo necesario para atender al niño y darles cobijo durante el tiempo preciso para que retomaran camino a su país. ¡Qué precioso Niño! –exclamaron-. Le pondremos pañales, un precioso  jerséis y faldón y le daremos  un gran biberón  
   


Queridos nietos: la patria no es propiedad heredada con papeles, 
sino cielo, dicha y dolor de todos los seres humanos. 
Vamos a compartirla, vamos a cantar 
que hoy es Noche Buena y mañana será Navidad.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Nueva obra; Vacaciones Creativas

Queridos nietos: esta nueva obra está basada, en gran parte, en  muchos juegos y actividades que hemos compaetido en vacaciones. Os la dedicaron todo mi cariño



jueves, 23 de noviembre de 2017

HABLO DE LA DIGNIDAD A MIS NIETOS

  Queridos nietos y nietas: hoy quiero hablaros de un valor muy importante: la dignidad. Sí, porque, a veces, la perdemos por cosas que no valen la pena, aunque nos parezcan muy importantes y necesarias. ¿Sabéis que es dignidad? Os lo resumo: Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

¿No creéis que es importante conocer este valor y llevarlo por bandera en la vida? La dignidad os hara libres, responsable y vañiosos. Leer estos pensamientos que os  inserto y que me parecen geniales. Con ellos está dicho todo. Os quiero mucho y os quiero siempre  orlados por la etiqueta DIGNIDAD


sábado, 11 de noviembre de 2017

Aniversario de vuestro bisabuelo



Mis queridos nietos y nietas: ayer fue el 45 aniversario de la muerte del abuelo, mi padre. Quiero que sepáis algo más de él que las anécdotas que os cuento. Ya  sois mayores para entender y valorar. Vamos, pues.

Mi padre, vuestro bisabuelo. Siempre elegante, limpio, amable…
El mejor de los padres, el mejor de los bisabuelos.

Tras la hierba crecida en aquella cruel guerra, la vida de mi padre, vuestro bisabuelo, por completo, estuvo dedicada al trabajo como director de Banesto y a nuestra educación. Cientos de veces en mis escritos habré repetido el excelente maestro que era mi padre. Aunque solo ejerció un año, era maestro de carrera. Desde bien temprano y cuando todavía estábamos en la ca en aquella habitación larga que se comunicaba con la de ellos, nada más levantarse y mientras se afeitaba y aseaba, nos hacía repetir verbos, tablas, etc. Su afán por educarnos llegaba a extremos increíbles: antes de sentarnos a la mesa, nos revisaba las manos, las uñas, los peinados… Nos enseñaba composturas, trato con la gente, modales, respeto… Cada tarde, al terminar su trabajo en la oficina, nos sentaba en una gran mesa en el jardín y nos daba clase de todo. Después, volvía al trabajo de forma que me despertaba y dormía oyendo el “tecleteo” de la máquina de escribir.
¡Qué excelente padre y pedagogo fue! Se sacrificaba en todo para que nada nos faltara. Recuerdo, y se trata solo de un pequeñísimo detalle, cómo en años de terrible escasez en los que la gente se moría de hambre, administraba el poco pan que teníamos, repartiéndonoslo equitativamente la porción que nos correspondía. Siempre había alguno de mis hermanos que se lo escondía y decía: a mí no me has dado. Y a conciencia de que era una inocente mentirijilla, le daba el suyo. Jamás, nos negó algo que fuera provechoso para nuestra educación y aprendizaje. Se preocupaba de nosotros tanto que, dada la poca salud de mi madre, se levantaba en la noche, si estábamos enfermos como si no, para revisar que estuviéramos bien tapados, en los inviernos, para darnos agua, etc. Él nos llevaba al médico, él nos acompañaba a Casto, cuando nos teníamos que comprar zapatos, etc. Él fue un gran hombre, culto, inteligente, honrado, trabajador… Me inspiraba tal seguridad que estaba convencida de que nada me podría ocurrir, si él estaba cerca. Un día, al salir del colegio de las monjas, la gente a bandadas corría, miraba al cielo y exclamaba: ¡gases asfixiantes, gases! En el cielo, una especie de espesa y extraña nube de humo se extendía. ¡Qué pánico sentí! Corrí, que el corazón se me salía por la boca, hasta aproximarme a mi casa. En la puerta, mi padre y los empleados del Banco miraban también al cielo. Al verme correr, mi padre se adelantó y exclamó: ¡no tengas miedo! ¡Es un gran día el de hoy! ¡No son gases asfixiantes ni nada de eso; es un nuevo avión! ¡Un nuevo y gran invento para la humanidad! Siempre la cultura y la educación fueron sus grandes inquietudes. 
Nos sabía valorar a todos y cada uno de los siete hermanos. Uno de los últimos recuerdos que guardo de él, exponente del gran educador que era, aquel cuadro que se me ocurrió garabatear con cuatro pinturillas sobrantes de latas ¡Cuánto debe valer esto! –exclamaba extasiado delante de aquella mala e inocente pintura-. Veneraba a mi madre, si bien el amor era mutuo. Tenía un gran sentido del humor, Le gustaba especialmente la cacería. Durante su vida fue Hermano Mayor del Santísimo y era tal su esmero y responsabilidad en días como Jueves Santo, Corpus Cristi, etc. que nos implicaba a todos tanto en la limpieza y preparación de candelabros, manteles, etc. como en las velas al Santísimo que contaba con mis hermanos para el relevo de posibles faltas de en los turnos.
Tras años de muchas fatigas, privaciones, miedos en la guerra y posguerra trabajos, etc. murió en la madrugada de un diez de noviembre. Siempre tenía entre sus manos El Quijote, un diccionario, libros…. 
Y yo todavía me sorprendo que en este día luzca el sol, y la gente empeñada en sus rutinas, y la vida siga caminando sin un minuto de silencio para el villarrense diez, el maravilloso hombre y excelente padre que fue mi padre.