A mis nietos y nietas


Si a vuestro paso habéis dejado caer alguna
espina, regresad, arrancadla y en su lugar sembrad
una rosa.

Vuestra abuela que os quiere tanto...


domingo, 6 de mayo de 2018

Primera Comunión de mi nieto

 Por fin, mi querido Gonzalo. llega el día tan esperado por toda la familia de tu Primera Comunión. Esta mujer que, tras ser madre y maestra, ha descubierto que nada hay más hermoso,    conmovedor y tierno que ser abuela, no lo podía pasar por alto sin dedicarte mis más sentidas palabras, porque tú, mi querido chiquitín, eres tan especial para mí como  lo has demostrado tú por mí que fue la palabra abuela, la primera que pronunciaste. Hace uno días, tu madre me contaba cómo en un trabajo que te pedían pegaras la fotografía de la persona  más importante para ti y escribieras por qué, pusiste una foto mía contestado: porque la quiero mucho y es muy buena y escribe muchos libros. ¿Hay algo más grande en esta vida que esa predilección y esas palabras a tus pocos años? Inteligente, creativo y gracioso como eres, quiero recordarte algo importante: te preguntaba que deseabas que te reglara. Nada abuela –me contestaste-; no hace falta. Ante mi insistencia exclamaste, al fin: un móvil mismo. Me hizo gracia y sentí pena al comprobar que ya estás contagiado por este síndrome de los tiempos, pero  hoy, día de tu Primera Comunión, quiero regalarte solo un palabra y con mayúscula: AMOR. Sí, vida mía, aunque  no la entiendas hoy, quiero que sepas que nada hay  tan importante como amar y ser amado. Es lo único que vale la pena, la gran lección que nos dio Jesús: amar a todos. Ante todo, hacer la Primera Comunión  viene a ser algo así como sellar una amistad con Jesús que fue crucificado por decir la verdad, por pedir justicia, por llamar hipócritas a los que se las daban de buenos y no lo eran, por predicar el amor a todos sin mirar el color de su piel, por perdonar, etc. Pero todo lo que Él hizo y nos enseñó está escrito como  las normas que deben seguir sus amigos, y ya sabes, los amigos se quieren, se respetan som fieles siempre y,  bueno, lo entenderás mejor cuando vayas cumpliendo años y si lo deseas podrás, por tu cuenta ratificarte en la decisión de ser amigo de Jesús que hoy deciden tus padres.
Sé muy feliz, vida mía y si eres un buen cristiano, lo serás, porque entenderás  que la mayor felicidad reside en el pacto de amor con la humanidad, pacto  que hoy celebramos contigo todos lo que te queremos.  
Tan importante eres para mí que me fundo contigo y hago también mi Primer Comunión, mi primer compromiso con todos: AMOR
 


domingo, 22 de abril de 2018

Día del Libro para mis nietos/as

 

Algunas de mi sobras más recientes, escritas pensando siempre en vosotros

Mis queridos nietos  y nietas: hoy es un gran día. ¿A qué lo sabéis? Sí, el Día de Libro, el día grande de la lectura. Por eso os  transcribo una bonita vivencia de mi infancia: 

LAS HUERTAS
¡Qué sueño eran las huertas! Silencio, roto por  el murmullo del agua al caer por los arcaduces de una noria chiquita que, lentamente, movía un borriquillo, dando vueltas, con los ojos tapados por una burdo retal, alrededor de una alberca donde se lavaban hortalizas y dónde muchos niños se bañaban en los veranos. Y qué agradable era pasear por entre las planteras de tomates, pimientos, lechugas…
La huerta era también  nave de canastas, herramientas y muebles destartalados que, no obstante, provocaban curiosidad y cierta intriga como si algo más se escondiera tras aquellas  ingenuas realidades  que a simple vista se mostraban.
Lo que más nos gustaba a los pequeños era el espantapájaros que  en medio de la huerta se erguía gracioso. Parecía un hombre de verdad, un hombre de palo: brazos erectos como si fueran  aspas de una maltrecha cruz,  un viejo sombrero de paja, que le caía tapándole un siniestro e inexistente rostro, bufanda de cuadros rechinantes, que le llegaba hasta el suelo y chaqueta panda como la de un  viejo payaso.
Gorriones. Muchos gorriones acudían a la huerta con el crepúsculo. Recelosos, no se fiaban del espantapájaros. Parecía como si todos a la vez, mirándolo, se comunicaran: ¡Cuidado! ¡Hay un hombre!
Y en la huerta llegaba la noche entre cantos de grillos, gruñidos de perros, piruetas de gatos por las viejas sillas esparramadas por una pequeña explanada, acceso al cobertizo de hortalizas recogidas, y el olor húmedo de la tierra. 
Y siempre, al regreso, el alborozo de unos tomates regalados, unos pepinos o un manojo de rabanillos que todavía veo lavar en la alberca.
Y las huertas se convertían también en objetivo furtivo para los pequeños que, siempre  a escondidas del hortelano, merodeábamos árboles frutales con la ilusión de  lograr algo de resina que considerábamos importante pegamento.
¡Bellas huertas de mi pueblo! En ellas, juegos, paseos, sueños…
 Algunas tardes los paseos a la huerta terminaban en melonares propios o de familiares, y lo primero, casi un sueño, el guarda en su choza pequeñita y casi mágica, que salía al paso. Después, rozando la noche, el degustar aquella deliciosa  fruta que era diestramente elegida y repartida, a corte de navaja, por el diestro guarda.
No sé por qué me llenaban de misterio aquellas chozas. Me parecían dibujos de un libro de cuentos, y esperaba que en ellas hubiera algo más que un camastro y el asiento de una vieja silla, realidades que al comprobarlas, una y otra vez, me dejaban triste.
Un día,  cuando erais uno micos, os   contaba   un cuento que empezaba así: Esto era un hombre que sólo tenía una choza para vivir… ¿Qué es una choza, abuela?  -me preguntasteis con curiosidad-. Cuando os lo expliqué, a una, exclamasteis: ¡Qué guay! ¿Hacemos una, abuela?
 Posiblemente vosotros, al igual que yo, imaginabais algo más que la pobreza que aquel insólito cobijo ponía de manifiesto, pero todo ello forma parte del arsenal de vivencias que fueron marcando camino en mi infancia, y hoy sé que anduve y sigo, cual celoso caminante, haciendo mi ruta diaria porque es cierto que se hace camino al andar. No os detengáis nunca, mis queridos nietos.





lunes, 9 de abril de 2018

Carta de mi nieta Amalia



Querida abuela, hoy 24 de enero ya hace muchos años que viniste al mundo  y bendito día en el que llegaste, porque eres la persona que ha formado esta gran familia. Eres una gran madre, abuela¡, hermana maestra y me consta que fuiste una gran hija. 
En estos veinte años que llevo viviendo, te recuerdo en cada uno de los momentos más significativos de mi vida. Has sido un pilar muy importante en estos años, y con el paso del tiempo me he dado cuenta la gran persona que eres: incansable mujer luchadora y buena, a pesar de los tiempos que corrían en aquella época de tu magisterio por aldeas y pueblos.
 Por eso, para mí eres un ejemplo de esfuerzo y constancia, porque eres lo que tú has conseguido: llegar lejos, muy lejos, y así quiero ser yo, aunque creo que no alcanzaré  ni la mitad de lo que tú tienes y eres. Para mí, un gran ejemplo a seguir, y no solo para mi, sino para todas las personas que te rodean y conocen.
Gracias por enseñarme todo lo que sé, por hacer de mi una mejor persona, por ayudarme en cualquier cuestión ya fuera literatura o filosófía, e informarte hasta del último dato para que yo pudiera sacar una gran nota.
Somos diferentes, abuela,  pero a la vez tan iguales, en muchas cosas trascendentes. Creo que eres una de las personas que mejor me conoce, sabes lo sentimental que puedo llegar a ser y sabes conseguir que me alegre aunque tú estés peor que yo.
Doy gracias a la vida, por haberme dejado que te conozca y dejarme pasar todo este tiempo a tu lado, y le pido que siga manteniéndote a mi lado durante muchos años más. Que sean los 85, los 90 y los 100, porque eres una de las mujeres mas fuertes que conozco, a pesar de los problemas que se te presenten. Felicidades abuela, gracias por ser tu. Te quiero. Amalia.



domingo, 8 de abril de 2018

cuentecito para mis nietos

Mis queridos nietos y nietas: leed despacio este sencillo y breve cuentecito de mis alumnos.



domingo, 1 de abril de 2018

Semana Santa y mis nietos

MIS QUERIDOS NIETOS Y NIETAS:

Este año habéis preferido procesiones y ambiente, antes que la playa que tanto os gusta. Lo entiendo porque, para vosotros, lo vital es el movimiento, la fiesta, los amigos, el salir y correr de un lado par otro y hasta como mi Isa el procesional de nazarena la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced,
No obstante saber  lo bien que lo pasabais, os he echado mucho de menos en el apartamento que sin vosotros está como triste y vacío. Como siempre. en alguno de mis libros, os he dejado el mensaje de mi recuerdo y cariño.
Bueno, yo disfrute mucho con el mar, la luna y esas cosillas que sabéis me gustan. 
Os dejo mi recuerdo de las para que lo compartáis de alguna manera, y ya llegará. DM. el verano y allí estaremos todos.


La luna corona nuestra sierra cordobesa el Viernes Santo que, 
como sabéis, tuve que venirme por el mal tiempo



Aquí, sí, y alo veis: la luna sobre nuestro bloque, preciosa, 
besando la palmera en l anoche de Jueves Santo

miércoles, 21 de marzo de 2018

CARTA A UN NIÑO: GABRIEL

Mis queridos nietos: ya estamos en  primavera, pero hoy, en mi artículo de educación, el recuerdo del pequeño Gabriel asesinado y como ya sois mayores casi todos, os transcribo la carta del artículo.

DIARIO CÓRDOBA / EDUCACIÓN


Mi querido Gabriel: desde primera hora, el hecho de tener el nombre de uno de mis nietos y más o menos la misma edad, fue para mi detonante de grandes emociones. Sí, mi pequeño Gabriel, mío y de todos los que al mirar tu carita sentimos que algo se nos rompe en el alma. 
Desde el instante que te perdiste eres presencia que no puedo dejar de sentir tan cerca de mi que hasta puedo oler el perfume tierno de tu piel de melocotón y puedo escuchar tu voz, risas y   llanto en momentos vividos, como todos los niños, en pleno fragor de vida que empezaba a despuntar de la cuna que te meció y de la mano que te acompañó en aquellos primeros pasos.
Son tantos los niños que pasaron por mi vida que de memoria conozco el color de vuestras inciertas palabras, de vuestros inocentes juegos, de vuestros miedos y sueños. Tu nacimiento, como el de todos los niños sí que fue un acierto, un aplauso feliz para familiares y amigos, ilusionados de cara a tu futuro en un mundo que nada podía saber de tu existencia. Hoy, alguien decidió acabar con aquellos planes para convertirte en terrorífica noticia, para tus padres y en medios de comunicación. 
Hoy el mundo te conoce y se espanta de tu corta vida y trágico final. Te fuiste sin despedida, sin besos, con saltos por caminos de siempre y mientras la vida, imparable noria, seguía su curso sin que ni tan siquiera una corazonada de los más cercanos te acompañara.

Solo, sin campanas, sin funeral, te desvaneciste con el viento. Pero esta carta no es fruto de un arrebato, sino una reflexión que me hago, cuando amanece una mañana más de vida en las aulas. ¡Cómo debe doler tu silla vacía! Y tus juegos en el recreo, y los besos a tu madre, y tus sueños de niño creativo y alegre...Y yo, madre, maestra y abuela, me pregunto: ¿qué mundo es este en el que se mata a los niños de hambre, abandono, de malos tratos…?

  ¡Qué cosa más linda los niños!